La realidad es que me gustás como sos, incluso aquellas situaciones que me generan celos o inseguridad. Estoy enamorada de vos, entero, de tu forma de ser, de tu empeño en lo que te gusta, de tu inteligencia, de tu ternura, de tu humor, de tu seguridad, de tu carácter, de tus numerosas capacidades, de tu simpatía, de tu sinceridad, de tus palabras y de tus actos. De tu cara, de tu boca, de tu voz, de tu imagen. De las formas en las que me tratás, de los apodos por los que me llamás, de los momentos en que me hacés sentir la más linda y afortunada. De la seguridad que me genera el pensar que estoy en tus brazos, de los nervios, de que me quieras en serio. De cada conversación, de cada mensaje, de cada pelea que tuvimos, de cada reconciliación, de cada vuelta, de cada noche junto a vos, de cada día que pasó desde que empezó lo que tenemos. Porque me gusta pensar que, aunque no tengamos ningún título ni salgamos formalmente, tenemos algo, algo nuestro, algo especial. Algo que seguramente el resto no entiende, y que por ahí a veces ni nosotros entendemos... pero algo que me gusta, porque es con vos. Algo que disfruto y me hace bien.
Nunca te cambiaría nada: no porque seas perfecto, sino porque me gustás así, porque me enamoré del todo, de vos.

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